Introducción

Hablar del instituto Luis Silva nos trae a la mente conceptos muy ligados a la historia y tradición educativa en Jalisco, México.
Para el edificio que alberga a este colegio es difícil pasar desapercibido. Para muchos habitantes de la ciudad de Guadalajara el Instituto Luis Silva es el colegio ubicado en el centro por el que pasan a diario en el autobús, o para otros es el antiguo internado donde algún pariente cursó sus estudios.
Sin embargo, para la gente que pertenece a dicha comunidad educativa, el instituto Luis Silva es mucho más que eso, pues es parte importante y la base de su educación y estilo de vida.
Y para los que algún día pertenecieron a él, representa la fuente de donde abrevaron además de conocimientos, una rigurosa formación basada en el tradicionalismo educativo. Entre tantos y valiosos ex alumnos que forjaron su personalidad, arropados en los muros de cantera de este edificio podemos citar a un ex presidente de México, el licenciado Gustavo Díaz Ordaz, y a un eminentísimo exponente del realismo mágico, el escritor Juan Rulfo.
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Breve descripción de la actualidad del colegio


En la actualidad, el Instituto Luis Silva ha dejado de ser simplemente una escuela famosa por su internado y su férrea disciplina, para convertirse en una moderna institución cuyo sistema pedagógico es
todavía riguroso, tradicionalista y laico, pero ajustado a los programas y sistemas tecnológicos vigentes en todo el mundo.
También, la tradición de ser una escuela para varones fue abandonada hace casi diez años para incorporarse al sistema mixto. Los niveles educativos con que cuenta en la actualidad son el Pre escolar, Primaria y Secundaria. Otro importante cambio que realizó el instituto fue el abandonar su tradicional internado a favor de un sistema de Medio Internado, que consiste en una estancia vespertina en el que sus alumnos permanecen recibiendo tanto sus alimentos, como una instrucción para la realización de sus tareas y un taller deportivo, cultural o recreativo.
Evidentemente, el del Instituto Luis Silva ha sido un proceso de exitosa adaptación, y evolución a lo largo de 120 años de permanencia en el ámbito escolar, lo que lo convierte en la escuela de mayor antigüedad en servicio activo en Guadalajara, y una de las de mayor tradición en todo México.

(La ciudad a principios del siglo XX)
Pero nada ha sido fácil o producto de la casualidad, y menos el comienzo. Los orígenes del instituto Luis Silva son mucho más modestos de lo que conocemos hoy.
Para el año de 1885, la ciudad de Guadalajara, situada en el occidente de México, adquirió una descomunal importancia comercial debido a la llegada por primera vez del ferrocarril. Algunos kilómetros al norte, prosperaban las fábricas textiles de Atemajac y La Experiencia. Los viejos tranvías de mulitas daban un toque pintoresco a las calles empedradas de la ciudad.
El Santuario de Guadalupe y el Panteón de Belén eran el límite norte de la ciudad. Con la capilla de Jesús terminaba la ciudad por el oeste, y al este, el mercado libertad con sus puestos de lámina y la plaza de toros “El Progreso” representaban la orilla opuesta.
La estación del tren y el parque Agua Azul, con su hermoso lago señalaban el límite sur.

Los fundadores


Es por esta época que un joven y visionario canónigo de origen portugués, Don Atenógenes Silva, ya discurría entre la alta sociedad tapatía y tenía fama como emprendedor de causas de beneficencia.
Unos años antes en el seminario, Atenógenes ya se distinguía como estudiante de fino carácter y distinguido en sus estudios. Y ahora, con apenas 37 años y apoyado por un grupo de damas de la alta sociedad tapatía, lograba la fundación de un hospital conocido como el “Hospital del Sagrado corazón de Jesús”, junto con la orden de religiosas que ostentaron el mismo nombre y que administran hasta la fecha el nosocomio.
Dicho hospital y orden religiosa tuvieron como función el dar atención médica a la población de escasos recursos a cambio de caridad. Es justo observar que de esa orden fundada por Don Atenógenes Silva, surgió la primera santa mexicana, la madre María de Jesús Sacramentado, mejor conocida como la madre Naty.

Y es entonces que, animado por el éxito de ésta última empresa, Atenógenes pidió de nuevo el auxilio de sus ricas amistades para fundar una casa para niños huérfanos, los cuales abundaban por la ciudad.
De esta manera y después de sortear una serie de vicisitudes, para el seis de Enero de 1887 abrió sus puertas la institución que llevaría el nombre de “Orfanatorio del Sagrado Corazón de Jesús para varones”, y que hoy conocemos como Instituto Luis Silva, en el mismo edificio que se conserva hasta hoy, en la calle Morelos número 644; mismo que fue cedido por el entonces gobernador, General don Ramón Corona.

No pudo pasar mucho tiempo al frente del orfanatorio, pues al ser nombrado obispo de Colima un par de años después, Don Atenógenes Silva dejó encomendada la naciente institución en manos de su hermano, el canónigo Don Luis Silva, quién impondría en ella las primeras bases metodológicas y de enseñanza formal.

Don Luis Silva, el hombre epónimo del instituto, se distinguía por su particular afecto con los niños. Antes de acceder a la dirección del orfanatorio había sido capellán en la parroquia de Teuchitlán, Jalisco, distante a cincuenta kilómetros de Guadalajara. Al mismo tiempo, se daba un tiempo para trasladarse a la capital de Jalisco cada fin de semana, pues dirigía un coro de niños en la catedral metropolitana.

A don Luis Silva, que a la sazón era cantor principal de la catedral, correspondió no solo consolidar la institución, sino también enfrentar a la cabeza de ésta, algunos de sus más difíciles retos que habría de superar, como el haber sido prisionero y torturado por los insurgentes de la Revolución mexicana, que en el año de 1914 amenazaron con cerrar el orfanatorio.

Superado el peligro de la revuelta armada, la institución albergaba cada vez mas internos y alumnos, algunos, miembros de influyentes familias tapatías que llegaban animados por la ya reconocida fama del orfanatorio como institución educativa. El canónigo Don Luis Silva tuvo la dicha de celebrar con una ceremonia religiosa, el 20 aniversario de la institución rodeado de una imponente población de alumnos.

Pero antes de terminar el segundo decenio del siglo veinte ya habrían fallecido los fundadores del orfanatorio.
Atenógenes murió en 1917, víctima de una fulminante enfermedad siendo arzobispo de Morelia, y su hermano don Luis Silva lo siguió a la tumba un año después, debido a las secuelas de la tortura que le aplicaran años antes siendo prisionero de la revolución. Pero la semilla plantada ya estaba otorgando cosecha. Es por esta época que un joven y visionario canónigo de origen portugués, Don Atenógenes Silva, ya discurría entre la alta sociedad tapatía, y tenía fama como emprendedor de causas de beneficencia.

Unos años antes en el seminario, Atenógenes ya se distinguía como estudiante de fino carácter y distinguido en sus estudios. Y ahora, con apenas 37 años y apoyado por un grupo de damas de la alta sociedad tapatía, lograba la fundación de un hospital conocido como el “Hospital del Sagrado corazón de Jesús”, junto con la orden de religiosas que ostentaron el mismo nombre y que administran hasta la fecha el nosocomio.
Dicho hospital y orden religiosa tuvieron como función el dar atención médica a la población de escasos recursos a cambio de caridad. Es justo observar que de esa orden fundada por Don Atenógenes Silva, surgió la primera santa mexicana, la madre María de Jesús Sacramentado, mejor conocida como la madre Naty.

Y es entonces que, animado por el éxito de ésta última empresa, Atenógenes pidió de nuevo el auxilio de sus ricas amistades para fundar una casa para niños huérfanos, los cuales abundaban por la ciudad.
De esta manera y después de sortear una serie de vicisitudes, para el seis de Enero de 1887 abrió sus puertas la institución que llevaría el nombre de “Orfanatorio del Sagrado Corazón de Jesús para varones”, y que hoy conocemos como Instituto Luis Silva, en el mismo edificio que se conserva hasta hoy, en la calle Morelos número 644; mismo que fue cedido por el entonces gobernador, General don Ramón Corona.

No pudo pasar mucho tiempo al frente del orfanatorio, pues al ser nombrado obispo de Colima un par de años después, Don Atenógenes Silva dejó encomendada la naciente institución en manos de su hermano, el canónigo Don Luis Silva, quién impondría en ella las primeras bases metodológicas y de enseñanza formal.

Don Luis Silva, el hombre epónimo del instituto, se distinguía por su particular afecto con los niños. Antes de acceder a la dirección del orfanatorio había sido capellán en la parroquia de Teuchitlán, Jalisco, distante a cincuenta kilómetros de Guadalajara. Al mismo tiempo, se daba un tiempo para trasladarse a la capital de Jalisco cada fin de semana, pues dirigía un coro de niños en la catedral metropolitana.

A don Luis Silva, que a la sazón era cantor principal de la catedral, correspondió no solo consolidar la institución, sino también enfrentar a la cabeza de ésta, algunos de sus más difíciles retos que habría de superar, como el haber sido prisionero y torturado por los insurgentes de la Revolución mexicana, que en el año de 1914 amenazaron con cerrar el orfanatorio.

Superado el peligro de la revuelta armada, la institución albergaba cada vez mas internos y alumnos, algunos, miembros de influyentes familias tapatías que llegaban animados por la ya reconocida fama del orfanatorio como institución educativa.
El canónigo Don Luis Silva tuvo la dicha de celebrar con una ceremonia religiosa, el 20 aniversario de la institución rodeado de una imponente población de alumnos.

Pero antes de terminar el segundo decenio del siglo veinte ya habrían fallecido los fundadores del orfanatorio.
Atenógenes murió en 1917, víctima de una fulminante enfermedad siendo arzobispo de Morelia, y su hermano don Luis Silva lo siguió a la tumba un año después, debido a las secuelas de la tortura que le aplicaran años antes siendo prisionero de la revolución. Pero la semilla plantada ya estaba otorgando cosecha.

Dolores Cuellar


En buena parte del siglo pasado, las personas dedicadas a la docencia lo hacían sin más título de docente que su propia vocación, ganas y conocimientos.
Y tal es el caso de una profesora de origen español, y avecindada en Ameca, Jalisco, la maestra Dolores Cuellar, quién sucedió en la dirección del orfanato al extinto Don Luis Silva.

Para aquel entonces, la instrucción que el alumnado recibía en el colegio era la propia de nivel primaria, además de enseñar a los alumnos artes y oficios como teneduría de libros y carpintería.

Para estos años veinte, el país conoció una nueva revuelta armada, esta vez de carácter religioso. En tanto, la ciudad de Guadalajara crecía apenas marginalmente, pero ya se notaban el ella mayores rasgos de progreso y bienestar.

Es importante señalar que en el plantel educativo ingresaban muchos alumnos de otros estados de la republica y de poblados de todo Jalisco, buscando su reconocido nivel educativo.

A la maestra Dolores Cuellar correspondió tener como educandos al compositor Alfredo Carrasco, y a los hoy muy reconocidos industriales Sauza hermanos. De igual manera, en importantes puestos del clero y de gobierno se comenzaban a situar elementos surgidos del ya para entonces nombrado “Instituto Luis Silva”.

Juanita García y el despojo frustrado


En los años treinta, México era un país en vías de reconstrucción. Acabadas las tormentas que significaron las constantes revueltas, la nación ingresaba en una etapa de democracia, al tiempo que el
presidente Lázaro Cárdenas del Río ordenaba profundos cambios en la organización y distribución de los bienes de la nación.

En ésta época muere la directora del instituto, Dolores Cuellar, quién fue reemplazada en el cargo por la profesora Juanita García Hernández, mujer que llevaría la etapa más longeva para un director en el instituto, y quién enfrentó la prueba de supervivencia más importante que haya sorteado el colegio a lo largo de su historia, y que estuvo a punto de truncar de manera definitiva, su exitoso derrotero.

Fue a mediados de 1938, cuando la dirección del Instituto recibió una misiva del gobierno del estado de Jalisco, ordenando el pronto abandono del edificio, puesto que el gobierno había decidido destinarlo para otras funciones.

Al verse en tan precaria situación planteada por el inminente despojo, la maestra decidió recurrir a la ayuda de prominentes ex alumnos situados en altas instancias del gobierno.

Recordando que el general Miguel Orozco Camacho además de ser ex alumno del Instituto Luis silva, era también el jefe del estado mayor presidencial del presidente Lázaro Cárdenas, Juanita le envió una misiva rogándole su intercesión ante el presidente de México para evitar el despojo del edificio que había servido de abrigo al él, y a tantos y tantos huérfanos convertidos hoy en hombres de provecho.

De esta manera y con el tiempo encima, puesto que el plazo para abandonar el edificio expiraba, la profesora envió a un emisario para encontrar al General Orozco en la ciudad de México.
Orozco Camacho atendió debidamente las súplicas de su mentora, y giró a su vez un mensaje pidiendo su intercesión al presidente Cárdenas. Dado que el tiempo transcurría, el mensajero de la maestra Juanita no tuvo más remedio que dirigirse él mismo en búsqueda del presidente, al cuál encontró en el puerto de Veracruz. A su vez, el general Lázaro Cárdenas del Río, atendiendo la petición del general Camacho, dictó a su secretario un decreto presidencial en el que ordenaba la cesión total del edificio ubicado en la calle Morelos 644 en Guadalajara, a la dirección del Instituto Luis Silva, siempre y cuando, sus funciones sean las propias de un plantel educativo.

Juanita García, la etapa de estabilidad y crecimiento


Pasado tan difícil trance, el Instituto Luis Silva vivió una etapa de perdurable crecimiento, en el México progresista de la posguerra.
En los años subsiguientes el Instituto fue famoso también como semillero de deportistas, siendo por mucho tiempo su representativo de volley bol la selección Jalisco del deporte. A esta etapa pertenecen deportistas como Jaime “Tubo” Gómez y Nacho Salas, renombrados futbolistas pertenecientes al “campeonísimo” Guadalajara.

En los años sesentas no era extraño encontrar entre el alumnado del instituto a educandos de origen extranjero. Ya para entonces, eran extensas las listas de ex alumnos y profesores que habían desfilado por las aulas del colegio. Y entre los profesores emblemáticos de tal época, se encuentra el profesor Delgadillo, militar egresado del Heroico Colegio Militar de la Ciudad de México, quién le daría el sello de educación militarizada que caracterizó a esta institución en la época.

La gestión de la maestra Juanita García al frente de la institución fue un exitoso periodo de crecimiento de casi cincuenta años, culminando con el otorgamiento de la medalla “Ignacio Manuél Altamirano” por parte del presidente Adolfo López Mateos a sus cincuenta años de servicio como docente.Pasado tan difícil trance, el Instituto Luis Silva vivió una etapa de perdurable crecimiento, en el México progresista de la posguerra.

En los años subsiguientes el Instituto fue famoso también como semillero de deportistas, siendo por mucho tiempo su representativo de volley bol la selección Jalisco del deporte. A esta etapa pertenecen deportistas como Jaime “Tubo” Gómez y Nacho Salas, renombrados futbolistas pertenecientes al “campeonísimo” Guadalajara.

En los años sesentas no era extraño encontrar entre el alumnado del instituto a educandos de origen extranjero. Ya para entonces, eran extensas las listas de ex alumnos y profesores que habían desfilado por las aulas del colegio. Y entre los profesores emblemáticos de tal época, se encuentra el profesor Delgadillo, militar egresado del Heroico Colegio Militar de la Ciudad de México, quién le daría el sello de educación militarizada que caracterizó a esta institución en la época.

La gestión de la maestra Juanita García al frente de la institución fue un exitoso periodo de crecimiento de casi cincuenta años, culminando con el otorgamiento de la medalla “Ignacio Manuél Altamirano” por parte del presidente Adolfo López Mateos a sus cincuenta años de servicio como docente.

Las etapas recientes


Al fallecimiento de Juanita García en 1968, la Dirección del instituto descansó en una dupla formada por la maestra Raquel Limón Castillo, quien encabezaría los asuntos académicos y por el Licenciado
Juan Manuel Salas Gallardo, encargado de la dirección general.

Es a la maestra Raquel Limón, quien otras tantas generaciones recuerdan como artífice y continuadora de la tradición educativa Luis Silva, cuyo sello y emblema siempre fue la disciplina y el esfuerzo riguroso. Raquel Limón, fue la segunda profesora del instituto condecorada con la medalla Ignacio Manuel Altamirano, esta vez por el presidente Ernesto Zedillo Ponce de León.

El término de la gestión de Raquel Limón por retiro, coincidió con la transición del instituto a educación mixta, terminándose de esta manera, la tradición del colegio Luis Silva solo para varones, para dar entrada a jovencitas y niñas al instituto. En ese mismo año de 1997 termina la última generación de alumnos internos del colegio Luis Silva.

Desde entonces a la fecha, el instituto es dirigido por el licenciado Alejandro Salas Guillén en la dirección administrativa, por el Profesor Rogelio Galindo Michel como director académico, y por el mismo licenciado Juan Manuel Salas Gallardo como director general.

El día de hoy, el Instituto Luis Silva, heredero de una tradición centenaria, se dispone a celebrar su 120 aniversario.

Son 120 años, producto del esfuerzo y dedicación de los personajes antes citados, pero también de infinidad de profesores, personal, y alumnado, algunos de ellos anónimos y otros muy reconocidos, pero todos ellos origen y consecuencia de lo que existe hoy en nuestro colegio.

Y el presente año escolar, el año del 120 aniversario, será una larga jornada de reconocimientos y festivales culturales para ensalzar la memoria de los que fueron y de los que están.

Los eventos culturales inician con nuestro año escolar, y tendrán como fecha principal el seis de enero del año 2007, fecha del aniversario.

Intégrate a nuestros festejos culturales. Será un gusto tenerte aquí en nuestro colegio, el Instituto Luis silva, y mostrarte un pequeño espacio donde a diario se convive con la historia de Guadalajara … y de México